Orquídea: la flor símbolo de Colombia que el Tolima se esfuerzan en conservar

Oriunda del antiguo Tolima Grande, la orquídea Cattleya trianae fue reconocida como flor nacional de Colombia en 1936. Hoy, mientras enfrenta amenazas como la extracción de ejemplares, la transformación de su hábitat y el cambio climático; investigadores, estudiantes y aficionados trabajan desde el Tolima para conocerla, conservarla y dejarla florecer para las próximas generaciones.

Sí para conocerla, porque, aunque es la flor nacional, muchos desconocen que aunque hay centenar de especies en el mundo, solo ella tiene colores que, combinados, logran dar visos de la bandera de Colombia; pocos saben que la Cattleya trianae autóctona solo crece en este suelo y que no es usual encontrarla expuesta en supermercados.

ace más de 20 años, Carlos Eduardo Beltrán ignoraba también todo esto; no sabía reconocer una orquídea ni teniendo varias en el patio de su casa. Hoy, este matemático y biomatemático, docente de la Universidad de Ibagué, dedica parte de su trabajo a estudiarlas y a promover su conservación.

En el camino y por golpes de la vida se convirtió, como él mismo dice, en un “orquideota”. Un enamorado, apasionado y protector de esta especie. La historia comenzó por accidente. Mientras se realizaba una exposición nacional de flores en la Universidad de Ibagué, Beltrán iba camino a su clase; de repente tropezó con una planta. “Una ‘mata’ más”, pensó. La recogió y siguió su camino.

Una de las personas encargadas de la exposición salió detrás de él para recuperarla y, en medio del desconcierto por el reclamo, el profesor le ofreció $5.000 para quedarse con ella y evitar pelear con una señora ‘corrida de la teja’ que peleaba por una mata.

La que entonces parecía una planta cualquiera terminó siendo el comienzo de una historia que todavía continúa. Y es que, después, al contarle la anécdota a su familia, su madre le explicó qué era aquella planta. “Y desde ese momento, el profesor Carlos, ahí quedó. Nos volvimos lo que se llaman orquideotas, sin regreso”.

Aquella curiosidad se convirtió en una pasión que lo acompaña hasta hoy. Una que lo trasnocha y le hace esforzarse por difundir todo lo que sabe sobre ella. Porque, como dice el adagio popular, nadie ama (ni cuida) lo que no conoce.

Y ese, lamentablemente, es el caso de las orquídeas. El desconocimiento puede terminar en plantas extraídas de su hábitat, compradas sin saber cómo cuidarlas o abandonadas cuando no sobreviven. Una radiografía trágica para una especie que, igual que otras, sin cuidados, puede dejar de adornar la tierra.

Es por eso que, desde hace más de 15 años, el grupo de investigación Naturatu, de la Universidad de Ibagué, junto con la Asociación Tolimense de Orquideología, trabaja en el conocimiento y conservación de estas especies. En sus investigaciones han registrado más de 180 tipos de orquídeas y, según Beltrán, todavía hay mucho por explorar.

Uno de los lugares ricos en biodiversidad, señaló, es el Cañón del Combeima. Tiene variedad de especies conocidas y por descubrir; pero, lastimosamente, otras han desaparecido. De acuerdo con el análisis del profesor y otros de sus colegas, algunas plantas que hace 18 años observaban ya no aparecen allí. No existen.

En el caso de la Cattleya trianae, dice, está subiendo, está ascendiendo a mayores alturas huyendo del calor. La observación le preocupa a los científicos porque las orquídeas también son indicadores de lo que ocurre con los ecosistemas: si las condiciones de temperatura y humedad cambian, las plantas buscan nuevos espacios. Pero las montañas también tienen límites y “un día no habrá más para donde subir”, mencionó Beltrán.

Por eso, además de descubrirlas y mostrárselas al mundo, la misión es la conservación; aunque la tarea no es fácil. La planta insignia de Colombia enfrenta hoy varias amenazas. Una de ellas es la extracción de ejemplares de los lugares donde crecen naturalmente. Algunas personas, por desconocimiento, las arrancan de la tierra llevándolas a alturas y territorios ajenos. Otro reto conexo es el desconocimiento sobre las condiciones que necesitan para sobrevivir.

“Eso las está afectando muchísimo. Por eso, una de las cosas que hacemos en la Universidad es capacitar a la gente en cómo cultivar y preservar una orquídea. Nuestro objetivo es educar a las personas y mostrarles que sí y que no debemos hacer con estas plantas. La Universidad ofrece seminarios, y cursos para que las conozcan, las reconozcan, las cuiden y las conserven”, mencionó.

Y es que aunque las orquídeas, pese a su aspecto sensible, son plantas evolucionadas que no necesitan más que energía, luz, agua y el aire para mantenerse en pie, su resistencia- paradójicamente- no significa que estén a salvo de las transformaciones de los ecosistemas.

Es por eso que la misión del grupo Naturatu también busca que las plantas puedan regresar a los ecosistemas que les corresponden. Para ello adelantan procesos de reproducción in vitro, llevando semillas al laboratorio para obtener nuevas plantas que posteriormente puedan ser devueltas a sus ecosistemas de origen para repoblarlo y embellecerlo.

Conocerla es, entonces, una forma de comenzar a cuidarla. Aprender a reconocerla, evitar su extracción, cultivarla responsablemente y acercarse a los procesos de conservación son maneras de mantener vivo un símbolo que el Tolima tiene la posibilidad de mostrarle al país y al mundo.

Porque quizás, como le pasó hace 20 años al profesor Beltrán, conservar lo nuestro comienza por algo tan sencillo como detenerse a mirarlo.

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