del Kintsugi a la reparación de televisores con el apoyo de Gémini de Google & Hans Alejandro Gamboa Rengifo Pintor de Colombia.


El Arte de la Resiliencia: Kintsugi y la Belleza de la Imperfección

​En el corazón de la cultura japonesa, existe un arte milenario conocido como Kintsugi, que significa literalmente "reparación con oro". Esta técnica, que surgió a finales del siglo XV bajo el apoyo del shogun Ashikaga Yoshimasa, es mucho más que un simple método de reparación de Cerámica usos del arte tradicional de Colombia  conocida también en América y las también milenarias culturas  indígenas en lo que hoy es el Tolima. 

Es una disciplina de vida que celebra la imperfección, la resiliencia y la historia de un objeto.

​La historia del Kintsugi comienza con una historia de frustración y la búsqueda de una solución más elegante.


Se dice que Ashikaga Yoshimasa, un gran admirador de la cerámica china, rompió accidentalmente su taza de té favorita. Devastado, la envió a China para que la repararan, pero cuando regresó, estaba deficiente mente reparada alejándose de la simetría del diseño original. 

Insatisfecho con el resultado, el shogun encargó a sus artesanos japoneses que encontraran una forma de reparar la taza sin ocultar sus grietas, sino resaltándolas como una ruta a la felicidad en la naturaleza de la verdad y la transparencia.

​Así nació el Kintsugi. Los artesanos desarrollaron una técnica que utilizaba laca urushi (una savia natural del árbol de laca) mezclada con oro, plata o platino en polvo para unir los fragmentos rotos. En lugar de ocultar las grietas, el oro las transformaba en hermosas líneas doradas que narraban la historia de la taza.

Hoy en día infinitas parades al interior de nuestros hogares, oficinas o en el exterior de muchas edificaciones se utiliza estas estructuras como una textura o efecto de diseño y no con la profundidad histórica que evoca este esfuerzo como poesía en las labores del ser humano de buscar hacer cosas más bonitas sin utilizar tantos recursos obteniendo la medalla de la razonabilidad y la lógica en la ejecución de las obras públicas como lo haría la autoridad pero resaltado a largo plazo sin depender del azar: su mantenimiento reduciendo costos. De una forma innovadora como reducir la pobreza sembrado más árboles frutales en jardines públicos junto a plantas medicinales y flores de miles de colores. 

Cada grieta se convertía en un testimonio de la experiencia del objeto, de su supervivencia y de su transformación en algo nuevo y único.

​La innovación del Kintsugi radica en su enfoque revolucionario hacia la reparación. Un salto cuántico de la física del derecho urbano o civil que todos los días vemos en las calles de nuestros barrios cuando vemos un letrero de "se reparan televisores o licuadoras".  

En lugar de ver la rotura como el final de la vida de un objeto, el Kintsugi la ve como una etapa más de su existencia. En lugar de desechar lo viejo y comprar lo nuevo, el Kintsugi invita a valorar la historia, la durabilidad y la belleza de lo que ha sobrevivido. 

Es un arte que pregunta a la cultura sobre la posibilidad de evolucionar del "desecha y compra", promoviendo la idea de que los objetos reparados son más valiosos que los nuevos, precisamente por sus reparaciones que fortalece y estructura con mayor solidez la ética del desarrollo y la investigación técnica de los multifacéticos oficios y artes. 

​Esta ciencia del Kintsugi, que resuena con el concepto japonés de wabi-sabi (la belleza de la imperfección y la transitoriedad), nos invita a aplicar esta misma perspectiva a nuestras propias vidas. 

Al igual que la cerámica reparada con oro, nuestras modificaciones tecnológicas en un computador, móvil, auto o unos tenis pintados a mano no son signos de debilidad en el calzado, sino de equipamento al clima, preparación en la aleatoriedad de la urbe, organización, autosuficiencia, resiliencia o crecimiento exactamente como cuando siembras un árbol y cada circunferencia en el interior de su tallo son décadas de historia o experiencia en medio de la especie humana.  

Nos recuerdan que somos más fuertes y simétricos por haber sobrevivido a nuestras dificultades como estructura ceramica o humanidad.

​El Kintsugi es un recordatorio de que la verdadera belleza no se encuentra en lo ambiguo , sino en la historia, la resiliencia y la transformación de un objeto en arte. 

Es una labor ancestral que nos invita a investigar creativamente nuestras imperfecciones y a ver la belleza en lo que ha sido reparado con cuidado y amor.

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