El principio constitucional del Estado Laico constituye uno de los pilares más importantes de la organización política moderna, pues garantiza la neutralidad del Estado frente a las creencias religiosas. Este principio no implica hostilidad hacia la fe, sino la separación entre los asuntos espirituales y los asuntos públicos, asegurando que las decisiones del gobierno se fundamenten en la razón jurídica, la igualdad y la libertad de conciencia. En sociedades diversas, donde conviven múltiples credos y visiones del mundo, el laicismo actúa como un marco de equilibrio y respeto. Permite que las normas de convivencia no se basen en dogmas religiosos, sino en códigos legales universales —constituciones, códigos penales y civiles— que regulan las conductas observables y los hechos específicos, no las creencias ni las intenciones íntimas. Así, el derecho juzga actos contrarios a la ley, no la moral personal ni el fuero interno de las personas. Esta distinción entre el ámbito públ...